“No me avergüenzo de las buenas nuevas; son, en realidad, el poder de Dios para salvación a todo el que tiene fe.” (ROMANOS 1:16.)
LO QUE le parece una buena noticia a alguien quizás no lo sea para otra persona. Por lo general, a quien trae buenas noticias se le da una cordial bienvenida y se le escucha atentamente. Sin embargo, la Biblia predijo que la gente descreída del mundo no consideraría deleitables las buenas nuevas del Reino de Dios ni su mensaje de salvación. (Compárelo con 2 Corintios 2:15, 16.)
El apóstol Pablo estuvo entre los que fueron enviados a llevar buenas nuevas al público. ¿Qué opinaba él de su comisión? Dijo: “Por mi parte tengo vivo interés en declararles las buenas nuevas también a ustedes, allí en Roma. Porque no me avergüenzo de las buenas nuevas”. (Romanos 1:15, 16.) Para que esas nuevas o noticias siguieran siendo buenas hoy día, aproximadamente 2.000 años después que el apóstol Pablo les escribió a los cristianos que vivían entonces en Roma, realmente tendrían que ser buenas nuevas de larga duración. Son, de hecho, “buenas nuevas eternas”. (Apocalipsis 14:6.)
¿Por qué dijo el apóstol Pablo que no se avergonzaba de las buenas nuevas? ¿Por qué podría haberse avergonzado de ellas? Porque no eran un mensaje popular, pues tenían que ver con un hombre a quien se había fijado en una cruz como si fuera un delincuente despreciable, lo cual, según las apariencias, llevaba a que se le juzgara mal. Por tres años y medio este hombre había caminado por toda Palestina llevando las buenas nuevas y había experimentado la oposición inflexible de los judíos, especialmente de los líderes religiosos. Y ahora Pablo, portador del nombre de aquel hombre despreciado, se encaraba con una hostilidad parecida. (Mateo 9:35; Juan 11:46-48, 53; Hechos 9:15, 20, 23.)
Debido a aquella oposición, puede que a Pablo y sus compañeros, también discípulos de Jesucristo, se les haya considerado como personas que tenían algo de lo cual avergonzarse. En realidad Pablo ahora se adhería a algo que él mismo antes había considerado vergonzoso. Él mismo había participado en vituperar a los seguidores de Jesucristo. (Hechos 26:9-11.) Pero había abandonado aquel derrotero. Como resultado, él y otros que se hicieron cristianos experimentaron persecución violenta. (Hechos 11:26.)
Si alguien se avergonzara de ser seguidor de Jesucristo, estaría adoptando un punto de vista humano de la situación. El apóstol Pablo no obró así. Más bien, como explicación de que no se sentía avergonzado de las buenas nuevas que predicaba, dijo: “Son, en realidad, el poder de Dios para salvación a todo el que tiene fe”. (Romanos 1:16.) El poder de Dios no es motivo para vergüenza si funciona mediante un discípulo de Jesús para realizar el propósito loable del glorioso Dios a quien Jesucristo mismo adoraba y alababa. (Compárelo con 1 Corintios 1:18; 9:22, 23.)
Al igual que Pablo, los cristianos hoy son discípulos de Su Hijo glorificado, Jesucristo. A estos predicadores suyos Jehová ha encomendado el tesoro de “las gloriosas buenas nuevas”. (1 Timoteo 1:11.) Los cristianos verdaderos no han dejado de cumplir esta gran responsabilidad, y se les insta a no avergonzarse de ella. (2 Timoteo 1:8.) Es vital que nunca permitamos que el temor ni la timidez nos impidan dar testimonio e identificarnos como cristianos.
Como resultado de esa testificación denodada, intrépida, en toda la Tierra se ha proclamado el nombre del Dios Altísimo, y las buenas nuevas de su Reino se han predicado por todo el mundo. El Hijo de Dios dijo: “Estas buenas nuevas del reino se predicarán en toda la tierra habitada para testimonio a todas las naciones; y entonces vendrá el fin”, y nunca podría permitirse que su predicción fracasara. (Mateo 24:14.) Todavía no se ha terminado esta obra de predicar. Sin avergonzarnos de las buenas nuevas, y enfrentándonos al futuro con ánimo, oramos como lo hicieron los primeros discípulos de Jesucristo: “Y ahora, Jehová, concede a tus esclavos que sigan hablando tu palabra con todo denuedo”. (Hechos 4:29.)
Aunque es cierto que los cristianos son objeto de odio y oposición en todas las naciones de la Tierra, esto es en cumplimiento de lo que se predijo que sería una marca identificadora de los adoradores genuinos del único Dios vivo y verdadero. (Juan 15:20, 21; 2 Timoteo 3:12.) Por eso, en lugar de sentirse desanimados y descorazonados por ello, los proclamadores de las buenas nuevas reciben plena seguridad de que tienen la aprobación divina y de que son parte del rebaño de Jesús.
Nunca lo olvide: contamos con el apoyo del Dios Altísimo de todo el universo. Por eso, ¿qué importa que el mundo y todas sus sectas religiosas y partidos políticos estén contra nosotros? El Hijo unigénito de Dios tuvo al mundo entero en oposición a él, y nosotros no nos avergonzamos de hallarnos en la misma situación. Como él dijo a sus apóstoles: “Si el mundo los odia, saben que me ha odiado a mí antes que los odiara a ustedes. Si ustedes fueran parte del mundo, el mundo le tendría afecto a lo que es suyo. Ahora bien, porque ustedes no son parte del mundo, sino que yo los he escogido del mundo, a causa de esto el mundo los odia”. (Juan 15:18, 19.)
Así que los cristianos han aguantado persecución por todo el mundo. Esa persecución confirma el hecho de que son cristianos verdaderos de Jesucristo. No se avergüenzan de experimentar persecución por razones religiosas. Por lo tanto, la exhortación del apóstol Pablo a los cristianos del primer siglo, de que no se avergonzaran, aplica apropiadamente a los cristianos verdaderos hoy. (Filipenses 1:27-29.)
Las mejores noticias que pudieran proclamarse
El mensaje que predican por todo el mundo estos cristianos verdaderos contiene las mejores noticias que pudieran proclamarse. Ningún gobierno podría ser mejor para la humanidad que el Reino que Dios ha establecido para la humanidad, para cuya redención Él envió a su Hijo unigénito. (Isaías 9:6, 7.) A los habitantes de la Tierra a quienes se predican las buenas nuevas del Reino se da la oportunidad de aceptarlas y probarse merecedores del don de la vida eterna.
De seguro si Jesús estuvo dispuesto a experimentar una muerte cruel para redimir a los que llegarían a ser sus súbditos se aseguraría de proveerles el mejor gobierno. Nuestra recomendación a toda criatura humana en la Tierra es la siguiente: Hágase súbdito fiel y obediente de ese gobierno. No nos avergonzamos del gobierno que recomendamos sinceramente a toda la humanidad. No nos retraemos de predicar el Reino, aunque esto pudiera traernos persecución. Como el apóstol Pablo, cada uno de nosotros dice: “No me avergüenzo de las buenas nuevas”.
Jesús predijo que la predicación de las buenas nuevas del Reino se efectuaría por todo el mundo, y esta profecía de alcance amplio y extenso era apropiada para un mensaje de esa índole. (Marcos 13:10.) Él no vaciló en predecir que la predicación se extendería hasta lo más lejano... sí, hasta los mismísimos extremos de la Tierra. (Hechos 1:8.) Jesús sabía que sus seguidores fieles harían un esfuerzo sincero por llevar las buenas nuevas del Reino a cualquier lugar donde pudiera haber personas.
La población de la Tierra hoy es de miles de millones de personas y está esparcida por todos los continentes e islas principales de los océanos. Sin embargo, no hay lugar en la Tierra habitada que esté tan lejos que los verdaderos cristianos no se esfuercen por llegar allí con las buenas nuevas. Toda la Tierra habitada es el escabel simbólico de Dios. (Isaías 66:1.) Las criaturas humanas de cualquier parte de Su escabel merecen recibir este mensaje de salvación.
Hoy día las buenas nuevas son noticias gozosas de un gobierno real que ya ha sido establecido en manos del Mesías. Jesús sabía que, a pesar de la persecución más cruel por la organización del Diablo, el espíritu de Dios movería a los seguidores verdaderos del Mesías a no escatimar esfuerzos para asegurarse de que “estas buenas nuevas del reino” como hecho establecido se ‘predicaran en toda la tierra habitada’. (Mateo 24:14.)
No nos avergonzamos de Dios
Los adoradores verdaderos se alegran de que se les identifique y reconozca como los que le dan a Él toda su adoración y obediencia. Respecto a sí mismo, Jesús enunció la regla o el principio que se halla en Marcos 8:38: “El que se avergüence de mí y de mis palabras en esta generación adúltera y pecadora, el Hijo del hombre también se avergonzará de él cuando llegue en la gloria de su Padre con los santos ángeles”. De igual manera, Jehová, tendría razón para avergonzarse de cualquiera que se avergonzara de Él. Además, cualquier criatura de quien Dios llegara a avergonzarse porque le fuera infiel a él no merecería vivir en ninguna parte del dominio de Dios, ni en el cielo ni en la Tierra. (Lucas 9:26.)
Que se nos graben en la mente y el corazón las siguientes palabras de Jesucristo: “En cuanto a todo aquel, pues, que confiese unión conmigo delante de los hombres, yo también confesaré unión con él delante de mi Padre que está en los cielos; pero en cuanto a cualquiera que me repudie delante de los hombres, yo también lo repudiaré delante de mi Padre que está en los cielos”. (Mateo 10:32, 33; Lucas 12:8, 9.) Al extender este mismo razonamiento vemos que cualquiera que repudie a Dios será repudiado por Él. A tal individuo no se le consideraría digno de ser miembro de la casa o familia de la cual Jesucristo es el Hijo principal. Por lo tanto, sería destruido al tiempo señalado por Dios.
Recibirá respuesta la oración modelo que Jesús enseñó a sus discípulos: “Padre nuestro que estás en los cielos, santificado sea tu nombre. Venga tu reino. Efectúese tu voluntad, como en el cielo, también sobre la tierra”. (Mateo 6:9, 10.) Cuando eso suceda, los discípulos amorosos de Jesús no tendrán de qué avergonzarse.
Sin avergonzarse, los intrépidos proclamadores de las buenas nuevas del Reino han podido testificar por todo el mundo a pesar de la oposición mundial porque los apoya poder sobrehumano... los apoyan los ángeles celestiales. Por consiguiente, los cristianos verdaderos‘temen a Dios y le dan gloria’. (Apocalipsis 14:6, 7.)
No nos avergonzamos de temer a Dios y darle gloria
Los verdaderos cristianos han demostrado que no se avergüenzan de temer a Dios y darle gloria. Esto ha redundado en bendiciones inefables para ellos. Han recibido estas bendiciones en cumplimiento fiel de las promesas que ha hecho el Dios Altísimo. ¡Cuánto lo ha vindicado esto como el único Dios vivo y verdadero, el Soberano del universo!
Aunque no queremos avergonzarnos de confesar sinceramente que somos cristianos, hay ocasiones en que tenemos que ser “cautelosos como serpientes”. (Mateo 10:16.)
Muchas veces ha sucedido que los que han repudiado a Jesús por temor a los hombres no se han ganado el favor del mundo. Por otra parte, hasta opositores resueltos de las buenas nuevas cuentan con que los cristianos no van a repudiar a Jesús. Mateo 10:39 y Lucas 12:4.
COBREN VALOR Y SIGAMOS PREDICANDO.

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